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Los mensajes de un colon irritable

Los mensajes de un colon irritable

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Tiempo de lectura:  6 min

¿Te ha pasado que en esos días de trabajo a tope, de repente sientes como si te pegaran una cuchillada en el estómago? ¿Te sientas a comer y apenas terminas el estómago comienza a hincharse como un globo como si estuvieras lleno(a) de gases? ¿Sufres de diarreas o estreñimiento frecuentemente?

Puede ser que estés sufriendo de colon irritable, un trastorno que tiene un enorme impacto en la calidad de vida de casi el 10% de la población de América Latina, principalmente en las mujeres entre los 30 y 40 años. Sí, ya sé que mal de muchos (o de muchas en este caso), consuelo de tontos. Pero si eres una de esas personas que lo ha padecido repetitivamente durante tu vida, es importante que sepas tres cosas: 

Lo primero es que no estás solo(a). Lo segundo es que entender un poco sobre tu enfermedad te puede ayudar a reducir los síntomas. Lo tercero: que con un tratamiento holístico puedes incluso reducir los dolores hasta un mínimo. 

Aquí te cuento mi experiencia:

La primera vez que sentí la cuchillada en el estómago fue una semana en la que había intentado por todos los medios salvar un pueblo de su destrucción. En ese entonces trabajaba para Naciones Unidas, en un país en pleno conflicto civil. Cuando logramos llegar, el pueblo estaba en llamas. Al verlo, sentí la cuchillada en el estómago que me dejó casi sin respiración. Al regresar a casa me dolía terriblemente la barriga, que estaba inflada como si me hubiera comido un globo.  Pensé que el culpable había sido un café que me habían ofrecido en una comunidad en otro de mis viajes.  Pero el dolor se mantuvo durante tres o cuatro días. Luego empezó una diarrea que duró varios días. 


Como estaba viviendo en un lugar con condiciones de salud muy precarias, me mandaron a hacer varios exámenes. El resultado mostraba la presencia de varios parásitos y bacterias, las cuales el médico trató con antibióticos y un antiparasitario. Mucho después supe que el 10% de las  personas con este tipo de infecciones gastrointestinales, posteriormente desarrollaron síndrome de colon irritable [1], [2]. 

Los antiparasitarios sirvieron por  un tiempo, pero luego volvió el dolor frente al cual me volvieron a recetar los mismos medicamentos.  Ahora sé que este tipo de medicinas también eliminan las bacterias beneficiosas para el intestino. Los cambios en la flora intestinal pueden resultar en la proliferación de especies que producen más gas y aumentan los síntomas  de colon irritable [3]. 

Los cólicos, la diarrea y la hinchazón del estómago se volvieron comunes todas las semanas.  Y así apareció el primer mensaje de mi cuerpo:  

¡Observa lo que comes!

Al parecer había algo que mi cuerpo no estaba digiriendo bien. Empecé a identificar las comidas que me hacían más daño. Lo primero fue dejar la comida picante. Luego, paulatinamente y observando mucho mi alimentación, dejé también las comidas fritas, las gaseosas, el pan, la leche, el queso, los fríjoles y los garbanzos.

Al parecer una de causas del colon irritable puede estar relacionada con una deficiencia de enzimas como la lactasa, maltasa y sacarasa que son las encargadas de descomponer la lactosa (de los productos lácteos), el azúcar y el almidón (presente en el pan, dulces, barras de cereales, barritas energéticas, panecillos, pasteles, cereales procesados, arroz, pasta, papas, arvejas, maíz,  calabaza, calabacín, otros dulces) [4].

Aunque retiré varios de estos alimentos, el dolor no pasaba.  Llegué hasta el punto de que lo único que pude comer era pescado, papaya, agua de menta y carbón.

Sí, descubrí que el carbón activado era un excelente remedio para los gases. Este además se puede conseguir en cualquier droguería y es muy barato. Pero no se siente tan bien eso de no poder comer nada y necesitar siempre un carbón en la boca. 

Entonces llegó el segundo mensaje de esta enfermedad:

 ¡Observa cómo te sientes!

La presión era tanta, la angustia tan fuerte y el estrés tan permanente que para poder aguantar el ritmo de trabajo me tomaba varias tazas de café, fumaba casi una caja de cigarrillos y bebía bastante licor durante la noche. Estaba en medio de una situación excepcional, una guerra,  —me decía— para no darme cuenta del daño que yo misma me estaba haciendo.

Nunca había escuchado hablar del eje cerebro-intestino. Este es un sistema bidireccional en el cual lo que pensamos, sentimos y hacemos liberan neurotransmisores que afectan el funcionamiento del sistema nervioso central gastrointestinal [5]. Así, las enfermedades gastrointestinales se agravan por la condición emocional (estrés, miedo, angustia) de la persona. Esto se debe a que cuando el cuerpo está bajo estrés, toda la energía va al cerebro, a los músculos y tejidos necesarios para responder a los estímulos, dejando al sistema digestivo en un segundo plano. El estómago no segrega las enzimas y jugos gástricos necesarios, el intestino queda paralizado, las bacterias del colon proliferan con alcoholes de fermentación pidiendo más azúcar, entre otras alteraciones.

Por otra parte cuando el sistema digestivo presenta problemas (como el colon irritable), los nervios en las paredes inflamadas se hipersensibilizan amplificando los estímulos que provocan malestar y dolor [6]. Estas señales las recibe el cerebro y las modifica generando emociones negativas como la ansiedad, angustia, desánimo, mal humor o depresión. 

A la vez que aumentaba el dolor y  tuve que dejar de comer casi todo,  me empecé a sentir cada vez más mal emocionalmente. Como no sabía a quién acudir, no le conté a nadie lo que me estaba sucediendo. Me dediqué aún más a mi trabajo, el cual también empezó a afectarse por los dolores que sentía. Me ausentaba varios días a la semana, y los que sí iba, los trabajaba con desánimo y poca eficiencia. Ahora sé que según algunos estudios, los síntomas gastrointestinales surgen primero y después surgen trastornos de estado de ánimo [7]. Por ejemplo, en un estudio  sobre síndrome de colon irritable y trastornos psiquiátricos, mostró que el 40% de los pacientes con un trastorno de ánimo y el 23% de los pacientes con ansiedad, sufrieron antes síndrome de colon irritable [8].

Fué en ese momento en que decidí ir a un especialista.  Pedí una cita con un afamado gastroenterólogo quien me hizo varias pruebas, entre ellas una colonoscopia, y me dió el diagnóstico de que lo que sufría era “síndrome de intestino irritable”, que es el nombre científico con el que se conoce esta enfermedad. Cuál no sería mi sorpresa cuando me recetó un tratamiento con antidepresivos. Desafortunadamente después de la primera toma, tuve la diarrea más fuerte que he tenido en mi vida, junto con además unas horribles ganas de vomitar. 

Aquí fué donde escuché el tercer y más importante llamado de atención de mi cuerpo:

¡Observa lo que haces!

Empecé a ir a terapia regularmente. Afortunadamente encontré una terapeuta con una perspectiva holística que, en vez de darme medicamentos psiquiátricos, me recetó inicialmente una combinación de esencias florales y remedios homeopáticos que poco a poco me fué ayudando.

También me concentré en encontrar no solo aquellos alimentos que me hicieran mal, sino en incluir aquellos que me hicieran bien. Estos fueron algunos de los alimentos que se volvieron parte de mi dieta: 

  • Cúrcuma en polvo: contiene antioxidantes que ayudan a eliminar toxinas y radicales libres. También protege contra la inflamación, ayuda a proteger la microbiota intestinal y es antidepresivo. Hago varias preparaciones de pollo y pescados con cúrcuma.  Si quieres conocer más sobre las propiedades de la cúrcuma  puedes leer nuestro artículo: Cúrcuma: La especia dorada
  • Tomar  agua. Se recomienda beber de 1.5 a 3 litros de agua al día. 
  • Menta: Cuando me empieza el dolor, me tomo una infusión de menta que calma los músculos del colon. 
  • Caléndula: Luego de cada comida me tomo 30 gotas de caléndula diluidas en agua para ayudar a la digestión. Si quieres conocer un poco más sobre los beneficios de esta planta, da click en nuestro artículo: Caléndula: no solo para la piel
  • Añadir alimentos ricos en fibra soluble como frutas (arándanos, bananos, naranjas, uvas) [9]. Cuando me siento con un poco de dolor me tomo un suplemento fibra dietética como Fiber Kieel que es un preparado de fruto de mangostinos, polvo de gel de sábila, konkac, vitamina C y prebióticos. Me tomo 10 mililitros antes de cada comida y antes de acostarme. 
  • Probióticos y prebióticos: los probióticos mejoran la barrera intestinal, impiden la unión de bacterias patógenas y suavizan la respuesta inflamatoria intestinal [10]. Además, reducen la hipersensibilidad de las vísceras asociada con la inflamación y con el estrés psicológico. Cada seis meses me tomo unas 5 gotas de Biogaia por una semana. Un estudio encontró que tomar probióticos reduce el dolor abdominal, distensión abdominal y otros síntomas del colon irritable [11].
  • De vez en cuando mezclo dos cucharadas de Jugo de Aloe Vera con los jugos. El Aloe Vera ayuda a calmar y recuperar el intestino.  

Por último, decidí hacer un cambio radical en mi vida. Renuncié al trabajo que tenía y me retiré por seis meses en una isla donde aprendí varias técnicas de meditación, respiración y yoga. Estudiando un poco de medicina Ayurveda descubrí que el lugar donde me dolía correspondía al tercer chakra, que está relacionado no solo con la digestión sino también con el estrés y las emociones. Este chakra, que se localiza encima del ombligo y debajo del esternón, está gobernado por el elemento ‘fuego’ y recibe su energía directamente del sol. Hacer posiciones de Yoga como el “perro mirando hacia abajo” o “gato vaca” mejora los síntomas del colon irritable.

Allí también descubrí que el ejercicio era lo que me faltaba para poder seguir en mi proceso de sanación. Algunos estudios han demostrado que la actividad física leve disminuye los síntomas del síndrome de colon irritable y mejora la excreción de los gases intestinales, reduce la hinchazón y alivia el estreñimiento [12].  Lo que a mi personalmente me ayudó a terminar mi proceso de sanación fué encontrarme con una práctica de meditación llamada los 5 Ritmos de Gabrielle Roth (www.5rhythms.com). Esta práctica de danza libre hace poner el cuerpo en movimiento para poder aquietar la mente. Me sanó por dentro y por fuera. Dejé de fumar y de tomar. Aprendí a escuchar atentamente a mi cuerpo. Me di cuenta que cada vez que bailaba, los síntomas disminuían. Luego de un tiempo me di cuenta que quería ser maestra de esta práctica y me formé como tal. 
Esto fué hace más de diez años. Ahora mi vida es muy distinta. Escribo, leo, medito y bailo. He vuelto a comer todo lo que me gusta y casi nunca me duele el estómago. Aún así, hay semanas en que el estrés de la vida me vuelve a ganar. Entonces reviso mi dieta  por si he comido algo que me hubiera hecho daño, me tomo una esencia floral como Lavanda Compuesto  que me ayuda a tranquilizarme y me dedico varias horas a bailar.

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