Cistitis en las mujeres: más allá del dolor físico.

Cistitis en las mujeres: más allá del dolor físico.

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Hace unos años, cuando vivía en otro país, tenía otro trabajo y una vida muy distinta, y me daba una infección urinaria cada dos meses. 

La infección urinaria más común en las mujeres es la cistitis. Ocurre cuando entran bacterias por la uretra (por donde sale la orina) y se multiplican en la vejiga generando una necesidad imperiosa de orinar y dolor intenso. Esto va acompañado muchas veces de fiebre y un malestar general completamente incapacitante. 

Lo primero que hacemos como mujeres es ir a un médico, que generalmente recomienda hacer una prueba de orina. Todavía recuerdo el dolor y el temblor en las piernas esperando el resultado. Lo único que uno quiere hacer es meterse en la cama a llorar.

Si se comprueba que efectivamente hay bacterias (generalmente Escherichia coli, una bacteria que habita naturalmente en el intestino), el médico receta un antibiótico que quita la infección en cuestión de horas.  Pero en mi caso, unos dos o tres meses más tarde, estaba nuevamente igual. Fué así como me puse como objetivo entender el por qué me estaba enfermando. 

Encontré que nosotras las mujeres sufrimos más cistitis que los hombres puesto que: 

  • Hay una corta distancia entre el ano, la uretra y la vejiga. En los hombres la uretra es mucho más larga protegiendo más a la vejiga de infecciones. 
  • Durante las relaciones sexuales, las bacterias pueden entrar a la uretra. 
  • En la menopausia cambian los niveles de estrógeno lo que hace cambiar el pH y ser más propensa a infecciones

Como cambiar la anatomía es imposible, dejar de tener relaciones sexuales es también dificil y todavía no me encuentraba en la menopausia, entendí que tendría que encontrar otros consejos que me sirvieran para poder controlar las infecciones. Esto fué lo que encontre:

  • Tomar mucha agua.
  • Limpiarse siempre de adelante hacia atrás cuando uno orina.
  • Orinar y lavar muy bien la zona justo después de tener relaciones sexuales.

Al seguir estos consejos, las infecciones parecieron espaciarse. Ya no me daban cada mes, sino cada dos o tres meses. Aún así, cuando me daban eran más fuertes. Fué entonces cuando me recetaron tomar un antibiótico todos los días durante varios meses. Eso hice, y luego de un tiempo, no solo seguía con las infecciones urinarias sino que empecé a tener toda clase de problemas gástricos.

Al seguir investigando  encontré varias cuestiones curiosas:

  • Casi la mitad de las mujeres del mundo presenta una infección urinaria en algún momento de su vida. De estas, 11% tiene al menos una infección por año. 
  • Las infecciones urinarias influyen sobre el funcionamiento social, la habilidad de realizar las labores normales debido a dificultades emocionales y físicas.
  • En un estudio con 374 pacientes con cistitis recurrente  se encontró que el 66% no podía disfrutar de las actividades habituales, el 63% informó sentirse excesivamente fatigado y el 49% informó insomnio o somnolencia diurna excesiva.

Me di cuenta entonces de que la cistitis estaba acabando con mi vida. Pero más importante, entendí que era una respuesta a algo más. Algo que no era necesariamente físico.

Al indagar más profundo encontré que las infecciones urinarias estaban estrechamente relacionadas con: 

Estrés: Los niveles altos de cortisol producidos por el estrés, reducen el efecto del sistema inmunológico e incrementan la propensión a contraer enfermedades o infecciones, entre estas las infecciones urinarias. Además se ha encontrado que la necesidad de orinar y el dolor aumentan con mayores niveles de estrés. 

Ansiedad: la incontinencia urinaria (que ocurre también con la cistitis) está asociada a la ansiedad. Por una parte, sufrir incontinencia exacerba la ansiedad (por ejemplo por la necesidad de encontrar un baño). Pero también es cierto que las personas  aquellas personas con síntomas de ansiedad (como ataques de pánico y agorafobia)  presentan mayor probabilidad de sufrir incontinencia. La ansiedad hace que la vejiga sea aún más reactiva y en consecuencia se crea un “círculo vicioso.” 

Depresión: Se ha encontrado que las personas con depresión tienden a “catastrofizar”. Esta es la tendencia a focalizarse mentalmente en el dolor y evaluar negativamente la capacidad de manejarlo. La depresión también aumenta la sensación de ser “impotente” frente al dolor.  Aquellas personas con depresión sufren dolores más severos en el caso de las infecciones urinarias. 

Lo anterior me llevó a abrir los ojos frente a lo que estaba ocurriendo. Me dí cuenta de que la infección urinaria era la mensajera de una serie de problemas mucho más profundos.  Entendí que tenía que empezar a trabajar en mí misma (mis emociones, mis relaciones, mi situación laboral) si quería realmente sanarme de la cistitis.

Empecé a asistir regularmente a terapia, le puse más atención a mi cuerpo y sus mensajes, aprendí a meditar e hice varios cambios en lo que comía y bebía. También cambié de trabajo por uno que me generara menos estrés, hice más ejercicio y me fuí a vivir a un lugar mucho más tranquilo. Cuando comencé a hacer todos estos cambios, las infecciones urinarias empezaron a desaparecer. Hoy, unos cuantos años más tarde, puedo decir que no volví a tener nunca una infección urinaria.

Si eres de las que sufres infecciones urinarias recurrentes, te cuento que no hay una “cura milagrosa”, pero sí es posible sanarlas con persistencia, amor por uno mismo y escucha del cuerpo. Te invito a leer el artículo “Guía holística para prevenir la cistitis” donde te daré algunas claves que te ayudarán a hacer algunos cambios, no solamente para prevenir la cistitis sino para tener una vida más plena y saludable. 

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