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¿Cómo enseñar a mi hijo(a) a gestionar las emociones?

¿Cómo enseñar a mi hijo(a) a gestionar las emociones?

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Muchos padres nos preguntamos cómo hacer para ayudar a nuestros hijo(a)s a controlar sus emociones. Lo primero es que estamos haciendo la pregunta errónea, pues las emociones no se pueden “controlar”. Una forma más práctica de verlo, es pensar en aprender a gestionarlas o manejarlas para que ellas no nos manejen a nosotros. Y, si tenemos nosotros mismos una buena dosis de inteligencia emocional, podemos enseñarle a los niño(a) a habitar sus emociones, aceptarlas y escucharlas. 

Los expertos en inteligencia emocional han propuesto cuatro pasos que puedes trabajar junto con tu hijo(a):

  1. Identificar las emociones: 

Lo primero que debemos enseñar y quizás a algunos de nosotros también nos viene bien aprender, es a identificar la emoción que se está sintiendo.

Aunque hay múltiples emociones y también mezclas de ellas, una buena idea es empezar identificando cinco emociones básicas:  Alegría, enfado, tristeza, miedo y sorpresa. Para enseñar a identificarlas, puedes invitar a tus hijos a detenerse en los dibujos de los libros que leen y preguntar qué siente cada uno de los personajes. También puedes indagar en los dibujos que ellos hacen o usar imágenes como la siguiente y pedirles que identifiquen la emoción que está representada en el dibujo. 

Incluir una gráfica parecida a esta: 

2. Comprender las emociones. 

El segundo paso es enseñar que las emociones no llegan porque sí, sino que responden a algo que está ocurriendo a nuestro alrededor o dentro de nuestro cuerpo (un estímulo) sobre el que “juzgo” que algo de mi realidad cambió.

Por ejemplo, la emoción del miedo aparece cuando juzgo que eso que está sucediendo me puede llevar a perder algo, la rabia aparece cuando juzgo que algo ha sido injusto o la tristeza cuando juzgo que perdí algo muy importante.[1].

Estas son algunas ideas para ayudar a tu hijo(a) a comprender cada emoción: 

  • Cuando estén leyendo un libro o viendo una película, puedes preguntarle: ¿Por qué crees que este personaje tiene miedo? ¿Qué es lo que el/ella pueden perder?
  • Puedes inventar pequeñas historias en las que ocurre un evento que desencadena una emoción. Por ejemplo [2]: 


Estás en un bosque y es de noche. De repente escuchas !!Auuuuuu!!! un aullido de un lobo. Te tiemblan las piernas, tu corazón se acelera y tus manos comienzan a sudar. ¿Qué sientes en este momento?

  • También puedes usar ejercicios de preguntas como por ejemplo :¿Cómo te sentirías si…un compañero rompe el dibujo que estás haciendo?  

3. Expresar las emociones:

Luego de identificarlas y comprenderlas es importante aprender a hablar  sobre las emociones ya que expresarlas ayuda a pensar y actuar de forma más adecuada. Además cuando hablamos sobre cómo nos sentimos, empezamos a sentirnos mejor.

Para enseñarle a los niños a expresarlas, lo mejor es que tú como padre o madre, es empezar a hablar de tus propias emociones. ¿Lo haces? Cuántas veces les dices: “Hoy estoy alegre porque..”, “Estoy enfadada porque…”, “Hoy tuve miedo cuando…”, etc. 

Para ayudarles a expresarlas, también puede preguntar cómo se siente su cuerpo, ya que las emociones se experimentan primero en el cuerpo. Así por ejemplo, si tienen una tensión en las manos o en el cuello, esto puede ser un indicativo de que están enfadados. 

4. Gestionar las emociones.

Hay momentos en los que sentimos que una emoción nos controla, o es más grande que nosotros. Los niño(a)s, que hasta ahora están entrando al mundo emocional, no tienen suficientes herramientas para gestionarlo por lo cual su primera forma de aprenderlo es observando a los adultos que tienen cerca.  Por esto es nuestra responsabilidad como padres el gestionar adecuadamente nuestras emociones. 

Laura Reyes, Coach Ontológica y docente, nos recomienda estas herramientas muy útiles para ayudarnos a nosotros, como padres, a reconocer nuestras emociones sin dejarnos desbordar por ellas:  

  1. Cuando sientas que te atraviesa una emoción, lo primero es parar a observarte. Puede servirte respirar, o sentir en qué parte de tu cuerpo estás sintiendo la emoción. Con esto te permites sentir la emoción y habitarla sin hacerle daño a alguien más, a ti mismo o a tu entorno. Esto nos ayuda a pasar del cerebro reptiliano (que responde instintivamente, y muchas veces ataca, se defiende o huye) al cerebro mamífero.
  2. El segundo paso es acudir a tus propias estrategias para gestionar una emoción. Puede ser salir a caminar, hacer ejercicio, tomarte un vaso de agua o ir a “tu lugar seguro”, un espacio donde puedes reencontrarte contigo mismo y pensar cual es el siguiente paso a seguir.
  3. Reparar: En los casos en que nos hemos dejado desbordar por la emoción, es importante acudir a nuestras propias estrategias para re-establecer el orden. Puede ser ofreciendo disculpas verbalmente, pero también puede ser usando el lenguaje corporal (dando un abrazo) o haciendo alguna acción que permita reparar la relación que ha sido afectada.

Ahora te contaremos algunas herramientas especialmente diseñadas para niños que pueden ayudarles a gestionar sus emociones: 

Para los más pequeños (3 a 6 años): El rincón de la calma

Crear en la casa un espacio para que los niños puedan acudir cuando necesitan calmarse. Es un espacio físico, que debe ser decorado por los mismos niños, con objetos que le traigan paz, que sea cómodo y agradable. Nunca debe usarse como un lugar de castigo (Por favor nunca digas:! Vete para tu rincón de la calma para que pares de llorar!). Al principio es recomendable acompañar al niño y poco a poco podrá ir solo. Puede tener botellas rellenas con agua y escarcha, tarjetas con las emociones, libros, muñecos, fotos, todo aquello que le haga al niño sentirse mejor. 

Para más grandes: El semáforo

Invitamos a nuestros hijo(a)s a pintar un semáforo y lo ponemos en un lugar de la casa. Se puede presentar como un juego primero y luego puede visualizarse cuando sea necesario regular una emoción.

ROJO: PARAR. Cuando sentimos mucha rabia queremos patalear y gritar. Este es el momento de detenernos. Tomar aire y respirar. Si estás conduciendo un carro, el conductor para cuando el semáforo está en luz roja.

AMARILLO: PENSAR.  Es el momento de pensar. Averiguar cuál es la necesidad detrás de la emoción y pensar en las posibles soluciones. Cuando estamos manejando un carro y se pone el semáforo en amarillo, es tiempo de prepararnos para andar.

VERDE: ACTUAR. Ahora sí puedes empezar a actuar. Si eres el conductor, es hora de arrancar.

Esencias florales: Para ayudar a equilibrar las emociones

Las esencias florales sirven para lograr un equilibrio emocional, con lo cual son muy útiles para ayudar a los niños a gestionar sus emociones. Aquí te contamos algunas que de seguro serán muy útiles en tu hogar.

  • Alamo compuesto:  Cuando los niños sufren de pesadillas, miedo a monstruos y fantasmas, o a la oscuridad.  Ayuda a aliviar el miedo a dormirse. Recomendamos tomar 5 gotas o 5 glóbulos de este compuesto antes de acostarse y repetir en el curso de la noche si la persona despierta con pesadillas
  • Petunia: Para ayudar a eliminar celos irracionales y envidias entre hermanos.
  • Illawara Flame Tree: Para niños que inician sus estudios en ambientes nuevos para ellos. 

Para las dos últimas en QUANTA recomendamos tomar 5 gotas 2 o 3 veces al día.

Por último recuerda que no hay emociones “malas” ni “buenas”. Todas las emociones pueden ser sentidas, reconocidas y expresadas. Pero lo importante es no quedarse a vivir en ellas. Las emociones son para sentirlas, gestionarlas y dejarlas ir. Así podremos todos como familia,  tener una vida emocional más sana y plena.

Si quieres contactar con Laura Reyes, puedes contactarla en Instagram en @larefa.

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