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Emociones y alimentación: una íntima relación.

Emociones y alimentación: una íntima relación

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Tiempo de lectura:  5 min

En este artículo aprenderás:

  1. ¿Cómo influyen los alimentos en las emociones?
  2. ¿Cómo afectan las emociones en la alimentación?
  3. ¿Por qué están relacionados los alimentos con las emociones?

“Que tu comida sea tu medicina y tu medicina sea tu comida” Hipócrates.

Recuerdo una clase en la universidad en la que la profesora, una magnífica docente, doctora y especialista en bioquímica, nos explicó que el miedo, la rabia, la tristeza y la alegría repercuten en todo el proceso de alimentación. Afectan la motivación para comer, la escogencia de la comida, la forma de masticar,  la velocidad de comer, la cantidad ingerida, el metabolismo y la digestión.  La maestra añadió, con cierto temblor en la voz, que muchos adultos mayores sufrían de desnutrición porque preferían no comer que sentarse a la mesa a comer solos.  Recuerdo con claridad ese día, pues sus ojos se humedecieron ligeramente mientras ella continuaba con su explicación. 

Estas fueron algunas de sus enseñanzas:  

La relación entre la comida y el estado de ánimo depende de múltiples factores como el tipo y composición de los alimentos, la edad, el contexto cultural y los antecedentes dietéticos de la persona. Aún así, podríamos generalizar que la mayoría de los animales (y las personas) están más alerta e incluso irritables cuando tienen hambre. También sabemos que luego de consumir una comida que nos sacia, nos sentimos más calmados, letárgicos y hasta con sueño y nuestro estado anímico es más positivo [1]. 

¿Cómo influyen los alimentos en las emociones?:

 

  • Los azúcares refinados (sacarosa y glucosa que están presentes en el azúcar granulada, galletas, cereales, chocolates y dulces, en los panes, jugos,e infinidad de productos) inducen la hiperactividad en los niños [2].  Se ha llegado a estudiar incluso el efecto sobre comportamientos más violentos e incluso mayores índices de criminalidad en personas con una dieta basada en azúcares refinados [3]. 
  • El consumo de alimentos procesados, ricos en azúcares, grasas y carbohidratos de alto índice glucémico aumentan el riesgo de padecer depresión.
  • La leche induce el sueño y reduce la ansiedad. Contiene triptófano (que ayuda a sintetizar serotonina que regula el estado de ánimo y el sueño) y melatonina (maneja el ciclo circadiano).  Además, al digerir algunas proteínas de la leche, se producen una especie de morfinas que tienen efectos tranquilizadores y anti-estrés [4].
  • La soya, la espinaca, el pescado y el huevo tienen proteínas con efecto ansiolítico (disminuyen la ansiedad) al interactuar con los receptores de opioides del cuerpo.  
  • Una dieta rica en carbohidratos y baja en proteínas tiene un efecto positivo sobre el estado de ánimo.  Lo mismo ocurre con alimentos como las ostras, el pulpo, el banano, la piña, las nueces y el pavo [5]. 
  • Los langostinos, el atún, la leche y el yogur tienen un alto contenido de CHP, una proteína que se encuentra en el cerebro y en el intestino, induciendo la sensación de saciedad y afectando el comportamiento. 
  • El consumo de probióticos y prebióticos reducen los síntomas de ansiedad y depresión ya que mejoran la microbiota intestinal [6].  
  • La dieta mediterránea (verduras, frutas, pescado, cereales integrales y frutos secos y la exclusión de alimentos procesados) mejora significativamente los síntomas de depresión y en general la salud mental [7]. 

¿Cómo afectan las emociones en la alimentación?

Las emociones también afectan directamente la manera en que escogemos los alimentos.  Cuando estamos estresados comemos menos frutas y verduras y preferimos alimentos ricos en grasas saturadas o comida rápida. Esto ocurre porque el estrés libera glucocorticoides e insulina que aumentan la motivación para comer este tipo de alimentos [8]. Aún así depende de si el estrés es suave o alto. Un nivel de estrés bajo hace que se aumente el consumo de calorías, mientras que un nivel muy alto y crónico genera una disminución en el consumo de alimentos [9].

Con la depresión ocurre igual. Como la depresión se relaciona con una sensación de menos energía, las personas tienden a perder el interés en comer lo que las hace saltarse las comidas o presentar ausencia de apetito. Pero también puede ocurrir lo contrario, pues  las personas deprimidas sienten que la comida los calma, ya que cambia el equilibrio químico en el cerebro, produciendo una sensación de saciedad y mejorando el estado de ánimo. 

¿Por qué están relacionados los alimentos con las emociones?

La relación entre la alimentación y las emociones responde a una serie de procesos complejos en donde el cerebro y el intestino se relacionan íntimamente. Aquí trataré de resumirlos de la manera más sencilla posible: 

  • Comer alimentos de buena calidad y naturales (con alto contenido de vitaminas, minerales y antioxidantes) alimentan el cerebro y lo protegen del “estrés oxidativo” en todos los órganos del cuerpo. 
  • Los alimentos de poca calidad (como los azúcares refinados) generan una reacción inflamatoria. Esto ocurre cuando nuestro cuerpo responde a sustancias o organismos que le hacen daño. El problema es que los glóbulos blancos, que son las células en nuestro cuerpo encargados de responder a las sustancias extrañas, al atacar a las sustancias tóxicas, afectan también a los tejidos y células sanas. produciendo una gran cantidad de enfermedades, entre ellas la depresión.
  • La serotonina es un neurotransmisor, es decir una sustancia que ayuda a transmitir la información entre las células del cerebro. Además de regular el apetito causando la sensación de saciedad, controla la actividad motora y cognitiva y participa en los mecanismos que regulan la ansiedad, el miedo, la angustia y la agresividad y la depresión.  La serotonina es producida casi en su totalidad en el intestino a partir del triptófano (que se encuentra en los huevos, pavo, pollo, salmón, frutos secos, banano y aguacate) por lo que la alimentación y la regulación de las emociones están íntimamente relacionadas con la cantidad y la eficacia de la serotonina en nuestro cuerpo.
  • En el intestino hay gran cantidad de células nerviosas que ayudan en la digestión y además regulan las emociones. El funcionamiento de estas células nerviosas y la producción de serotonina está influenciada por las bacterias que están en el tracto digestivo.  Estas bacterias protegen al organismo de bacterias dañinas, limitan la inflamación protegiéndonos de otras enfermedades, mejoran la manera en que se absorbe la comida y activan todos los canales del eje cerebro-intestino. 

Es importante ser consciente de que los alimentos que consumimos afectan nuestra forma de sentirnos. Aún más, existen algunos “superalimentos” que tienen altos contenidos nutricionales, poderes antioxidantes o vitaminas, que ayudan a nuestro cerebro y a todo el cuerpo a sentirse mejor. Para conocer más sobre uno de estos “superalimentos” te invitamos a dar click en nuestro artículo: La moringa: un super alimento super medicinal. 

De la misma manera, es importante darnos cuenta de que la forma en que nos sentimos nos impide —o ayuda—  a tomar mejores decisiones sobre nuestra comida. Estas decisiones a la larga influyen en nuestras emociones, creando un “círculo virtuoso” que nos ayuda a comer bien y sentirnos mejor. Quizás es por esto que para la medicina Ayurveda los problemas digestivos se relacionan con las emociones en el tercer chakra, el fuego del cuerpo.

Con esto terminó la maestra su clase magistral. 

Un poco muertos de hambre de tanto escuchar hablar de comida, salimos derecho a la cafetería de la universidad a almorzar.  La maestra entró detrás nuestro, pidió su bandeja y se sentó sola en una esquina.  Mientras comíamos, un compañero nos contó que el esposo de la profesora había fallecido hacía muy poco tiempo. Quizás ella misma estaba luchando para tomar mejores decisiones sobre su bienestar.

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